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El asma, una enfermedad grave

El asma es una enfermedad crónica potencialmente grave que afecta a un gran número de personas en todos los estratos de la sociedad. Las crisis de asma pueden ser fatales por lo que requieren atención médica inmediata.

El asma es un síndrome que incluye diversos fenotipos con características clínicas similares, pero con etiologías diferentes. Es importante resaltar que el asma es una enfermedad inflamatoria de la vía aérea asociada a la hiperactividad de los bronquios, lo que puede acarrear una limitación en el flujo aéreo y una hipersecresión de mocos.

En el mundo hay más de 150 millones de afectados por esta inflamación respiratoria. El primer martes de mayo se conmemora el Día Mundial del Asma para concienciar y mejorar la atención médica de los pacientes con esta enfermedad en todo el mundo. Para la realización del presente artículo, se entrevistó a la Dra. Jenny Planchet, pediatra neumonólogo infantil.

Factores de riesgo

El asma es multifactorial. Es importante distinguir entre los factores de riesgo para desarrollar asma y los desencadenantes de un ataque de asma.

Los factores de riesgo que influyen en la aparición de esta inflamación respiratoria son: el nacimiento pretérmino, bajo peso al nacer y la obesidad durante la infancia. Por su parte, los desencadenantes o agravantes del asma son, en su mayoría, los alérgenos. Los más comunes son el polvo, moho, pelos y caspa de animales, leche, mariscos, trigo y maíz.

Un ataque de asma también puede ser desencadenado por infecciones respiratorias, sobre todo en niños menores de 5 años o pacientes que sean fumadores pasivos. Los cambios estacionales también pueden resultar en un factor de riesgo, agravante de la enfermedad.

Fumar también incrementa el riesgo de padecer asma persistente. Es importante recordar este último dato cuando se trata a un adolescente en consulta.

Diagnóstico y prevención de los ataques de asma

Para descartar posibles afecciones como la infección respiratoria o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), el médico debe realizar una exploración física y hacerle preguntas al paciente sobre los signos y los síntomas que presenta. A su vez, debe evaluar con sumo cuidado los antecedentes familiares así como su historia clínica. Es importante atenderlo con una mente abierta: no todo lo que existe es asma.

Entre las pruebas de función pulmonar, la más común y fiable para el diagnóstico del asma es la espirometría. Este examen consiste en medir la cantidad de aire que inhala y exhala el paciente.

Los resultados de la espirometría, sin embargo, pueden parecer normales cuando el paciente no se encuentra en una crisis de asma. Por ello, el diagnósitico debe apoyarse en distintas pruebas en las cuales se evalúe la respiración del paciente durante la actividad física.

Una vez hecho el diagnóstico, se buscan los desencadenantes de las crisis de asma. Cada paciente tiene sus particularidades, por lo que el médico realiza las pruebas de sensibilización alérgica. Evitar las zonas donde se encuentren estos alérgenos es una forma de prevenir los ataques.

Tratamiento

La mayoría de los pacientes pueden lograr un buen control del asma: evitar los ataques de tos durante la noche, tener una buena función pulmonar y una vida productiva. No obstante, es indispensable para estas personas asistir a un control periódico para asegurar su bienestar, así como la efectividad de los medicamentos y el tratamiento.

Cuando un niño llega a consulta con síntomas y un mal tratamiento, el médico debe retirarlo y volver a evaluar si realmente tiene asma. El objetivo del tratamiento es controlar los síntomas sin perjudicar las actividades diarias del paciente.

El tratamiento, generalmente, implica aprender a reconocer los desencadenantes, tomar medidas para evitarlos y controlar la respiración para garantizar que los medicamentos diarios para el asma mantengan la sintomatología bajo control. En caso de un ataque de asma, es posible que necesite usar un inhalador de alivio rápido.

Los medicamentos preventivos de control a largo plazo reducen la inflamación de las vías respiratorias. Los inhaladores de alivio rápido, también conocidos como broncodilatadores, abren rápidamente las vías respiratorias inflamadas que restringen la respiración. En algunos casos, es necesario tomar medicamentos contra la alergia.


La información ofrecida en esta sección no sustituye a la consulta con un especialista, ya que de acuerdo con las características particulares de cada individuo, se le podría indicar recomendaciones diferentes a las generales aquí señaladas.

  • Dra. Jenny Planchet Por: Dra. Jenny Planchet
    Pediatra neumonólogo infantil
  • Publicado: 2019-05-07
  • Fuente:

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