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Sexualidad y adolescentes, un tema impostergable

Dr. Alfredo J. Caraballo Mata

Cuando nos desarrollamos, nuestro cuerpo adquiere la capacidad biológica para reproducirse, situación necesaria para garantizar la perpetuación de la especie humana. El desarrollo implica la aparición de las primeras reglas o períodos (menstruaciones) en el género femenino y la eyaculación, generalmente nocturna (polución), en el género masculino. Con ellos aparecen las células llamadas óvulos y espermatozoides, que al unirse resultan en un embarazo.

Pero varios años antes de que esto ocurra, tanto en la hembra como en el varón, se presentan una serie de cambios, tales como: aumento de la estatura y variación en la conformación del cuerpo, mayor sudoración y aparición del olor corporal, el cabello y la piel se hacen más grasosos, comienzan a aparecer los vellos y los granitos, crecen las mamas en las mujeres, y cambia la voz y aumentan los testículos y el pene en el varón. A este conjunto de cambios se le conoce como pubertad.

La pubertad forma parte de los distintos cambios que se presentan en la etapa que transcurre entre la niñez y la adultez, conocida como adolescencia. En este periodo también se espera que ocurran cambios en los conocimientos, psicológicos y sociales, que permitan el desenvolvimiento como persona autónoma, con capacidad de adaptación social y laboral.

Asumir un cuerpo distinto y dotado de capacidad para reproducirse genera en las y los adolescentes inquietudes y preocupaciones. Entre ellas se incluye las que derivan de los primeros contactos con personas del otro sexo y el despertar del interés sexual, con la aparición de la masturbación y, posteriormente, la posible exposición a situaciones de riesgo por el ejercicio de la función sexual.

La impulsividad y omnipotencia propias del adolescente, que crece en un ambiente actual de conflictos de valores que confunde y desorientan, hacen que se vean expuestos a conductas de riesgo que, unido a la falta de conocimientos adecuados, trae como resultado la posibilidad de que ocurra un embarazo no deseado o el contagio de una infección de transmisión sexual.

Hasta ahora, no se ha establecido verazmente los mecanismos que permitan dar a conocer a las y los adolescentes la información oportuna con la cual puedan comprender que, mediante este proceso de cambios que experimentan, se están convirtiendo en mujeres y hombres capaces de tomar decisiones importantes. Incluso, que en el aspecto sexual se permita el disfrute de su sexualidad, sin perturbar sus proyectos de vida. Además de diferir y planificar un posible embarazo cuando realmente reúnan las condiciones para asumir responsablemente el rol materno y paterno. No obstante, es válido reconocer el esfuerzo que realizan diferentes instituciones de la sociedad civil que, en pequeña escala, muestran resultados prometedores en este sentido.

Dado que el nivel de información real que manejan los adolescentes acerca de su sexualidad, los métodos anticonceptivos y las infecciones de transmisión sexual no es el adecuado, ha ocurrido un incremento en la proporción de embarazos, sobre todo en adolescentes menores de catorce años; un número creciente de casos de infecciones por el Virus de Papiloma Humano (VPH), Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) y de hepatitis B, además de las clásicamente conocidas enfermedades venéreas; e interrupción del embarazo (aborto) en condiciones inseguras. Por lo cual, hace falta mejorar los programas educativos y el nivel en el cual se comienzan a transmitir estos conocimientos a niñas, niños y adolescentes.

En este momento, según cifras del Ministerio del Poder Popular para la Salud, la frecuencia de madres adolescentes es de 22%, lo cual hace que Venezuela ocupe el primer lugar en América Latina, con una proporción apreciable de adolescentes con dos o más hijos. Esta realidad lamentable trastorna el desarrollo de la gente joven y representa una carga para la familia y la sociedad, convirtiéndose en un problema de salud y social que compromete el desarrollo nacional.

Aunque existen distintas modalidades que permiten diferir y planificar los embarazos, se requiere un trabajo arduo y diferenciado, dirigido a nuestros adolescentes con sus características y necesidades particulares, con el fomento de educación en valores esenciales, que permita su desarrollo como individuos sanos y responsables. Es necesario que comprendan que la sexualidad no es un juego, que es una dimensión importante de la personalidad y que la selección de un método anticonceptivo deber ser orientado por profesionales de salud, además de enfatizar la posibilidad de postergar las relaciones coitales.

Sí es necesaria la anticoncepción, promover la recomendación de doble protección con el uso correcto del preservativo (condón) y los anticonceptivos hormonales orales, que además de tener la mayor efectividad comprobada para prevenir un embarazo no deseado cuando se utilizan adecuadamente, también permiten mejorar problemas asociados con las menstruaciones, como el dolor (dismenorrea) y los cambios orgánicos, emocionales y psicológicos (síndrome premenstrual) con pocos efectos no deseados.


La información ofrecida en esta sección no sustituye a la consulta con un especialista, ya que de acuerdo con las características particulares de cada individuo, se le podría indicar recomendaciones diferentes a las generales aquí señaladas.

  • Dr. Alfredo J. Caraballo Mata Por: Dr. Alfredo J. Caraballo Mata
    Gineco-obstetra. Cortesía de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Venezuela.
  • Publicado: 2012-11-07
  • Fuente: Dr. Alfredo J. Caraballo Mata

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